Deseo oculto (Poema)

La forma tan insolente como demostramos nuestras reacciones
nos hace presos de la imprudencia
el sentimiento inconcluso, confuso y martirizante
las horas se hacen años en nuestra mirada
el reflejo del tiempo
incambiante para algunos
escalofriante para otros.

La supervivencia convertida en rutina te cierra los ojos
no te das cuenta de la realidad
alguien ha estado ocultándose en tu sombra
se deleita con tu existencia y sufre por tu apatía
le haz destrozado la risa
haz ahogado sus esperanzas
sufre por ti
necesita saber que le importas
el aire es denso con tu ausencia
pero es libre de elegir
y te eligió a ti.

Poema y fotografía: Irene Navarro

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Agua viva (Poema e Ilustración)

Lo seco, pulcro y ordenado
solía ser río esta mañana
nadie se fuera imaginado que en esta calle
recordara la mirada ingenua de quien creía conocerte.

Tu ojos como grandes faroles de sol encendían.

El querube no sabía más de sí mismo
yacía desnudo
pergamino de fácil lectura
temática abierta e inconsolable
duramente previsible
abruptamente descuidado.

La sabiduría de los años no pasa en vano
el fruto ignoto de furia contenida
se hizo estallar como ferviente cascada.

Poema e Ilustración: Irene Navarro 2018

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Los Suicidas (Poema)

Viajan al mundo de las esencias, son sutiles insinuaciones de la niebla sobre puentes que no vemos.

Imágenes en un agua que no cesa de musitar infinito; viento filtrado hasta los árboles de nuestro sueño; ruido de mariposas mutiladas con un golpe del destino.

Están entre nosotros y vinieron a quedarse para siempre: son fuego en la memoria, tristezas tejidas por la noche, canto cifrado de las estrellas.

En la oscuridad, en los días sin fondo, son el canto de un alfabeto que perdimos, polen que cae a la tierra estéril de nuestras manos.

Con sus alas de ángel viajan de improviso hacia nosotros: luminosos, sonámbulos, chocan con nuestras atmósferas ciegas y no entendemos nada en su lenguaje de misterios.

Poema: Los Suicidas
Autora: Virginia Woolf
Fuente

Pintura: Paolo y Francesca
Autor: Roberto Ferri
Fuente

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Incomprendida (Poema)

Si tan solo pudiera darme a entender
seria como tirar una roca al agua
ver correr las ondas en movimiento
esperando ser recibidas por una nueva corriente.

Mis pensamientos son para ti
como diminutas partículas de polvo que un rayo de sol dejo ver
y por más que lo intente nunca lograrían alcanzarte.

Nadie se percata de ello
inalcanzables mis lagrimas aun no podrían tocarte
aunque tu sonrisa trataría de rosar mis mejillas
color rosa con ríos negros que no dejan de correr.

Poema y fotografía: Irene Navarro

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Tristeza (Poema)

La diversión acabó
marcada por torrentes de aversión
sumisa entre los escombros del conformismo
ahogada en los senderos de lo innecesario
escondida entre los pedregosos laberintos de la apariencia

Se lanzó al olvido con su amada felicidad
ambas tan espontaneas y escasas como la risa.

Superficiales apariencias
que ocultan la tristeza de mis ojos
de los tuyos y de todo aquel que le cueste admitirlo
abriendo paso a la indiferencia y con ella a la soledad.

Se nos carga el corazón de culpas
se nos hunde la razón con arrepentimiento
se nos llena el alma de tristeza
nuestros pasos son guiados por la inercia
nuestras reacciones por impulsos
y nuestros cuerpos por necesidad

Pero solo la tristeza
por la nada
por la no existencia
por el abandono
se escapa de nuestras manos
para clavarse en nuestro corazón.

Ficha técnica de la imagen:

Titulo: Figura tumbada
Autor: Francis Bacon
Año: 1966
Técnica: Óleo sobre lienzo
Dimensiones: 198 x 147 cm
Fuente

 

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PADRE (Poema)

Cubriendo con un aro gris tus ojos de almendra
el tiempo indómito toma lo que quiere
te ha sacado lo mejor.

De la determinación, la fuerza y el brillo de tu mirada
solo queda melancolía, tristeza y vacío.

El tren sin ruta definida y sin escala
ha hecho de tus sabias respuestas
preguntas repetitivas.

Parodiando tu figura de guerrero ante la vida
el tiempo te ha hecho Quijote.

Nadie respeta al viejo veterano cansado
nadie admira sus glorias pasadas
grandezas no reconocidas
antes vivencias terribles con recuerdos maravillosos
ahora vivencias terribles sin recuerdos.

Quien te amó ya no te ama
ama a quien fuiste
se conforma con lo que eres

Encerré en mi memoria lo más preciado
para que el tiempo no lo tocara
lo que te has convertido no lo recordaré.

Cuando te hayas ido solo quedará lo por mi protegido
me burlaré del tiempo
escupiré su cara y le diré
que al padre que yo recuerdo
él nunca pudo hacerle nada.

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Solitario (Poema)

Solitario entre lamentos
ignorado entre las sombras
soñando irrealidades
que escuchadas fueran mis palabras

Transitando sin rumbo fijo
resolviendo el acertijo
de porque lo imperfecto
acecha al mas perdido

Bailando entre tumbas
detestando a los felices
de esta inmunda vida
en la que tu no decides

No decides….

Pero no veía mi destino
escapando de los delirios
hasta que una noche ya rendido
lo sublime ……
iluminó mi camino

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La hoja que no había caído en su otoño.

¡Saludos! en esta ocasión les comparto más que un análisis estructural una reflexión acerca del significado intrínseco de un cuento escrito por Julio Garmendia, titulado “La hoja que no había caído en su otoño”. Dicho escritor es de mis escritores venezolanos favoritos el cual considero tiene un exquisito lenguaje metafórico que nos hace entrever mensajes bajo una hermosa prosa, encuentro en sus cuentos y relatos cortos mucho más valor que en una novela de grueso tomo de algunos autores, entre sus líneas se observa que no sólo tiene un exquisito uso del lenguaje sino que a la vez es sencillo, es fabuloso y es simplemente algo con lo cual sentirse identificado a nivel social y emocional.

Cita biográfica

GARMENDIA, JULIO. Escritor venezolano nacido en la hacienda El Molino, cerca de El Tocuyo, Estado Lara, el 9 de enero de 1898, y fallecido el 8 de julio de 1977 en Caracas. Autor de tres libros, La tienda de muñecos (1927), La tuna de oro (1951) y La hoja que no cayó en su otoño (1979), que suman 24 cuentos. Fuente

Fuente

Extracto del cuento

Entre sus extensa obra rescato en esta ocasión “La hoja que no había caído en su otoño,” un pequeño cuento publicado póstumamente en 1979 por Monte Avila Editores, el cual leí cuando era niña en una pequeño libro de bolsillo que tome por un largo rato de la biblioteca de una muy celosa hermana mayor.

Esta era una hoja, una hoja que no había caído en el día de su otoño, como todas las otras de la ceiba, y que, finalmente, había venido a quedar íngrima y sola en lo alto de una rama del gran árbol, cuando ya todas las demás, o habían caído, o habían sido llevadas por el viento, o tumbadas por la lluvia, o desprendidas por el frío. Sólo aquella hoja quedaba allá en lo alto, en las desnudas ramas, y ni se desprendía, ni se aflojaba. Fuente

Análisis personal acerca de su significado

Es un cuento que nos explica un poco acerca de la caducidad de las cosas, no solamente de la vida, es una metáfora un poco pesimista pero que a su vez intenta mostrar que los cambios no son necesariamente malos y que hay ocasiones en que es mejor dejarse morir.

A veces nos aferramos a las cosas de la vida, al respirar no solamente como impulso involuntario, a las cosas que hacemos, nuestras relaciones o aquello que creímos querer se tornan como un compromiso interno, al no abandonar cuando las cosas no resultan como deberían ser, a veces esto es bueno, al quedarnos un poco más hacemos que las cosas funcionen, que los malos tiempos se transformen y que salgamos triunfantes, ese instinto guerrero que nos dice que es necesario seguir luchando un poco mas esperando un resultado a favor, pero el mismo en ocasiones no nos permite admitir o tomar la decisión que algo ha llegado a su fin.

Esporádicamente solemos ser la hoja que no ha caído en su otoño, hacemos que nuestras relaciones, bien sea con una carrera, un empleo, una afición, actividad o una persona sean esa hoja que se niega a morir aun cuando la circunstancias están dadas para que así sea, se nos olvida cumplir ciclos, entender que cerrarlos no significa abandonarlos, simplemente todo tiene su periodo de obsolescencia y negarse a hacerlo nos estanca.

Entonces, ser obstinados no resulta tan bien como esperamos, no solo nos enferma, sino que nos hace vivir arrugados y secas rodeados de nuevas hojas, aguantando tempestades a las cuales no deberíamos someternos y para las cuales no estamos ni física ni emocionalmente preparados. Vivir aferrados al árbol de una idea incluso nos hace esclavos de ella.

La muerte, no necesariamente debe ser algo negativo, es solo un paso más y con ellos vienen mas transformaciones, la materia no se pierde, simplemente se aprovecha para otros fines, en este sentido, debemos morir cada vez que sea necesario, nuestro afectos no deberían ser un impedimento para dejar que las cosas terminen en nuestra vida, solo las cosas realmente importantes perduraran hasta el final de nuestros días en nuestros recuerdos, siendo que hasta nuestros seres queridos mueren por qué no habrían de hacerlo aquellas pasiones, aquellas obsesiones laborales, aquellas aficiones o vicios y también el amor, por qué no habría de morir el amor, el verdadero nunca lo haría, pero las relaciones deberían también tener su ciclo, algunos no lo harán obviamente, pero cuando el amor a una persona, a un empleo a una actividad, nos hace soportar los vientos de agosto cuando ya no somos verdes de primavera, las cosas deberían terminar .

Hay que admitir que a veces las cosas merecen ser la hoja que adorna a un árbol y otras simplemente le toca ser parte de la nueva vida de algún brote en el suelo, pero nunca debemos permitir que nuestra obstinación, nuestro orgullo y nuestro temor a dejar ir, el miedo a los cambios, nos obligue a estar aferrados a un árbol que ya no nos aporta nada sino sufrimiento y mucho menos dejarnos llevar estrepitosamente por vientos infinitos con temor a tocar el suelo en la codena de no caer jamás. Hay que caer, hay que dejarse caer y solo así vendrán nuevas cosas.

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